El León y el Ratón ⭐ Moraleja

Cierto día, un León dormía tranquilamente, hasta que notó que un pequeño Ratón, jugaba sobre su cuerpo. Este, despertó rápidamente y atrapó al Ratón; y cuando lo iba a devorar, el Ratón le dijo:

"Por favor señor León, perdóneme la vida, le prometo devolverle el favor fielmente."

El León, al oír esto, empezó a reírse como nunca, y como acto de desinterés, dejó escapar al pequeño Ratón.

Unos días después, el León fue víctima de una trampa hecha de redes de unos Cazadores. Tras intentar liberarse con su gran fuerza, no pudo, y en desesperación y molestia, empezó a rugir furiosamente. El pequeño Ratón, al oírlo, acudió de inmediato donde estaba el León, y al verlo en su estado, empezó a roer con sus afilados dientes la red. En cuestión de minutos, logro romper estas y así, el León quedo en libertad.

El León, agradeció al Ratón por su noble acto, y meditó seriamente sobre el favor que acababa de recibir, como también, prometió ser de ahora en adelante, más generoso.

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Moraleja: Nunca desprecies las pequeñas y honestas promesas, cuando llegue el debido momento, éstas se cumplirán.

La Cigarra y la Hormiga ⭐ moraleja

Hace mucho, llegó el Verano y una Hormiga hacendosa, recogía con gran afán granos de trigo y cebada para guardarlos en su granero y así poder alimentarse durante todo el Invierno.

En aquel momento, estaba la Cigarra que se la pasaba todo el día cantando, y cuando vio a la Hormiga, se sorprendió por cómo trabajaba tan arduamente en época en que los animales, dejaban sus faenas y se entregaban a la buena vida y a la diversión.

La Cigarra con sonrisa y relajo, dijo a la Hormiga que deje de trabajar y disfrute que se le una para vivir el momento y así no cargar con tanto trabajo ni tormento, sin embargo, la Hormiga dijo que no, porque era necesario recolectar mucha comidita para la temporada de invierno. Sin dilemas ni más palabras, la Cigarra no insistió y siguió en sus placeres y descansos.

Con el pasar de los días, llegó el invierno, y con él, la escasez de provisiones. La Cigarra no lo pudo creer, no había nada de comida por ningún lado, ya que la nieve y el frío había todo desplazado. Ella estaba muy hambrienta que lamentándose de su mala actitud y con vergüenza, fue hacia el nido de la Hormiga para pedirle unos cuantos granos para alimentarse.

Cuando la Hormiga la recibió, le dijo:

"¿Ya ves holgazana Cigarra cual fue tu recompensa?. Si hubieras trabajado en el momento oportuno como yo lo hice, en este momento no tendrías escases de alimento. Ahora canta pues, mientras YO como."

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Fábula: La Cigarra y la Hormiga

Moraleja: Si el ocio te causa tedio, el trabajo es buen remedio.

El Pastorcito Mentiroso ⭐ Moraleja

Una vez, un Pastorcillo queriendo divertirse a costa de los demás, se puso a gritar con todas sus fuerzas:

"¡El lobo! ¡Viene el lobo!"

Entonces, los Campesinos vecinos al oírle, corrieron en su auxilio, pero al llegar donde este, encontraron al Pastorcillo acostado tranquilamente a la sombra de un árbol. Al día siguiente, y con más ganas de bromear, volvió a la misma jugada este Pastorcillo, y gritando dijo:

"¡Socorro, socorro! ¡viene el lobo!"

Los demás campesinos escuchando el auxilio, acudieron inmediatamente armados con hachas y palos. Sin embargo, su sorpresa fue muy molesta ya que no encontraron Lobo alguno, mas solo al Pastorcillo carcajeándose de la risa por su gran mentira. Los pastores indignados, regresaron disgustados a sus campos.

Al poco rato, un Lobo se apareció en la granja del Pastorcillo mentiroso, y aunque este mentirosillo, gritaba con todas sus fuerzas auxilio, nadie acudió a salvarlo. El Lobo, no teniendo contrincante alguno, se hizo dueño de las ovejas y para terminar con broche de oro su fechoría, se comió también, al Pastorcillo mentiroso.

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Moraleja: En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso.

La Liebre y la Tortuga ⭐ Fábula Infantil con Enseñanza

Cierta vez, una Liebre se encontró con una Tortuga. Y al verla tan lenta y paciente, empezó a burlarse de sus patas cortas y lento caminar. La Tortuga sin embargo, se defendió y dijo a la insensata Liebre:

"Puede que sea usted muy veloz señora Liebre, pero estoy más que segura de poderle ganar en una carrera."

La Liebre sorprendida por tal decir, aceptó el reto sin pensarlo, ya que estaba muy segura de que ganaría sin problema alguno hasta, con los ojos cerrados.

Al día siguiente, ambos propusieron a la Zorra que señale el inicio y la meta. Tras un breve ejercicio, empezó la cuenta de tres e inició la carrera entre la Liebre y la Tortuga.

La Tortuga no dejaba de caminar y caminar, pero a su lento paso, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio la Liebre, ni más bien inició, dejó muy atrás a la Tortuga corriendo tan rápido como pudo sin mirar hacia atrás. Tras un rato, volteó hacia atrás la Liebre y al ya no ver a la Tortuga, estuvo muy segura de su éxito, así que decidió relajarse y, se echó a dormir tranquilamente.

Poco después, la Liebre despertó y miró hacia atrás para ver si aún no llegaba la Tortuga, al no encontrarla, cambió de vista hacia la meta pero su sorpresa fue colosal al ver a la Tortuga muy cerca de la Meta.

En un intento desesperado, la Liebre corrió todo lo que pudo como nunca, pero su esfuerzo fue en vano, ya que la Tortuga llegó y ganó.

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Moraleja: Con seguridad, constancia, y paciencia, aunque parezcamos lentos, siempre lograremos el éxito. Recuerden, poco a poco, se llega muy lejos.

El pescador y el río revuelto

Cierta vez, un Pescador que estaba a punto de pescar en un río, echó su red atravesándolo de una orilla a otra. Luego, con una piedra atada al extremo de una cuerda de lino, agitaba el agua para que los peces aturdidos cayeran entre las mallas de la red al intentar huir.

Un vecino que vio al pescador en su curiosa estrategia, se acercó a él y le regaño por el revolver el río por obligarle a beber el agua turbia. El Pescador sin embargo, respondió serenamente:

"¡Si no revuelvo el río, tendré que morirme de hambre!"


Moraleja
Forma siempre tu propia opinión y no vayas a donde te quieran empujar sin que lo hayas razonado.

La Mosca y la Mula

Cierta vez, una Mosca que volaba por el camino de un campo, se detuvo en la barra de madera de una carreta halada por una Mula.

De pronto, se puso de muy mal humor la Mosca y empezó a regañar a la Mula:

"¡Oiga!, ¡pero qué lenta es usted! ¿No puede andar más de prisa? ¡Cuídese sino le pico su cuello con mi aguijón!

La Mula volteó y respondió:

"Sus palabras no me inquietan ni aterran señora Mosca. A aquél que va sentado en la delantera sí le temo, ya que su látigo flexible gobierna mi espalda y mi boca sujeta con el freno bañado en espuma. 


Váyase lejos con su frívola insolencia, que yo sé muy bien cuándo debo ir despacio y cuándo  ir corriendo."



Moraleja
Queda en ridículo aquél que no siendo nada, se entrega a vanas amenazas.

La Víbora y el Zorro

Cierta vez, en un día tranquilo, el Cielo se llenó de oscuras nubes y sin mucha demora, empezó a caer una terrible lluvia ocasionando la formación de turbulentos ríos.

Las aguas llevaban a fuerza un desfile de ovejas, conejos, patos, gansos, gallinas y, junto al lodo, las piedras y árboles arrancados de la tierra mezclados todos juntos.

Un Zorro que deseaba ir hacia su guarida, y no podía porque aquel río feroz le impedía cruzar, se decía en su dilema:

"Santo cielos. Este debe de ser el segundo diluvio del mundo."

De pronto, le llamó la atención unos espinos que eran arrastrados por el agua, y mirando cautelosamente por unos segundos, avisto en aquel brusco movimiento a una Víbora que era también arrastrada sin poder liberarse de aquel dilema.

El Zorro asintiendo la cabeza y con tono sarcástico dijo:

"Ah caray. Pero qué tal navío para dicho Piloto."


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Moraleja
Dios los cría, y ellos se juntan.

La zorra y la Serpiente

Cierta vez, en un grande y denso bosque, se encontraba cerca de un camino abierto, una bella y grande Higuera que hacía de sombra cerca de una Serpiente que estaba durmiendo plácidamente estirada y sin preocupación alguna.

Tras un rato, apareció una Zorra curiosa y vanidosa, que al ver a la Serpiente dormida, empezó a admirarla y a envidiar su enorme y largo cuerpo que la hacía ver grandiosa, intimidarte e imponente.

La Zorra pensando que podría igualar aquel largo tamaño, se echó cerca de la Serpiente y preparándose, empezó a estirarse más y más, a cada momento estiraba sus patitas y su cola, todo lo que podía sin descansar, insistiendo continuamente por horas y horas. Tras haber pasado un largo rato de arduo esfuerzo y persistencia, el cuerpo de la vanidosa Zorra no pudo soportarlo más, y reventó.

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Moraleja
No imites a los más grandes, si aún no tienes las condiciones para hacerlo.

El Perro y su imagen

Cierta vez, un Perro cogió entre sus dientes un grande y sabroso hueso.

"Pero qué delicioso regalo he obtenido hoy." - Se dijo el incauto Perrito - "Lo llevaré a casa y allí, me lo comeré muy a gusto."

En su camino, se encontró con un arroyuelo, cuyas aguas claras y cristalinas, reflejaban su imagen. Él pudo ver en las aguas a otro Perro con otra suculenta presa entre los dientes. Como el Perro estaba con gran hambre, abrió su hocico y se zambulló en el agua para coger el hueso del otro Perro; pero que terrible decepción, ya que al sumergirse hasta el fondo, no halló a su rival ni mucho menos, al exquisito hueso que creyó ver.

En ese momento, el ingenuo Perrito, se dio cuenta aunque ya tarde, que gracias a su gula, le ha costado la pérdida de su exquisita presa; y lo que fue peor, el hambre le seguía molestando su barriguita continuamente.

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Moraleja
Más vale pájaro en mano, que ciento volando.

La Oveja y el Lobo

Una vez, estaba un hambriento y moribundo Lobo a la vera del camino echado. Una Oveja perdida, pasó por ahí cerca del rufián devorador, y al verla, le dijo al son de implorar:

"Gracias al cielo que te ha enviado a socorrerme amiga Oveja. Por favor, tráigame un poco de agua del arroyo, ya que muero de sed."

La Oveja fingió no escucharlo, pero el Lobo insistió:

"En cuanto beba esas gotitas de agua, yo mismo le prometo, sin ayuda de nadie, buscaré mi alimento."

"No lo tome a mal, señor lobo." — Respondió la Oveja haciéndose a un lado.

"Entonces, por favor cumpla mi pedido..." — Discutió el Lobo.

"No. Porque en cuanto le lleve el agua, usted me comerá. Así que adiós." — Y luego se fue la Oveja.

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Moraleja
Muerte por lobo anunciada, no mata oveja avisada.

El Perro del Hortelano

Cierta vez, un Hortelano tenía un enorme perro como guardián de sus cultivos. El Can, era tan agresivo que ningún ladrón se atrevía a invadir los cercos de los sembríos de su amo. El Amo alimentaba bien a su Perro lo mejor que podía gracias a su gran tarea de guardián y así, estaba seguro que continuaría cuidando sus campos.

Un día, un Buey del establo, quiso tomar un bocado de alfalfa que el amo guardaba; pero el Perro muy furioso se interpuso y mostrando sus dientes, trató de ahuyentarlo. El Buey molesto por su conducta, le dijo:

"Tonto Perro envidioso. No comes ni dejas comer. El amo te brinda a cada quien lo que necesita y la alfalfa no es tu alimento. No hay razón alguna para que interfieras en negocio ajeno."

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Moraleja
Agua que no has de beber, déjala correr.

El Zorro y el Cuervo

Cierta vez, un Cuervo de los feos, el peor, hurtó un queso y con gran dicha, se fue a saborearlo en una rama de la copa de un árbol.

En ese mismo momento, pasó por ahí un hambriento Zorro que merodeaba por dicho lugar. Cuando vio al Cuervo, de inmediato tuvo la intención de quitarle su queso, empezó a adularlo de la siguiente manera:

"Cielos... Definitivamente, usted señor Cuervo, es una de las más preciosas aves. No hay entre los pájaros otro que tenga su gran belleza, majestuosidad y plumas galantes llenas de vida y brillo. He de decir, que su voz ha de ser tan melódica que sin duda, no hay nadie en este mundo que te iguale en perfección."

El Cuervo envanecido y maravillado por tantos elogios, quiso mostrar su voz al pícaro Zorro, y cuando empezó a graznar, dejó caer el queso que tenía en su pico.

Por otro lado el ladino Zorro que no deseaba otra cosa más, cogió de inmediato el Queso con sus dientes y yéndose lejos, lo devoró bajo la sombra de un árbol dejando al vanidoso Cuervo, hambriento y burlado.

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Moraleja
Quien te envanece y engríe,
de tu necedad se ríe.

El Charlatán y el Monarca

Cierta vez, un Charlatán aseguraba que era capaz de convertir en un Asno común y corriente, en un gran y elocuente orador. Cuando la noticia llegó a oídos del Monarca, lo convocó a su palacio y teniéndolo ya presente, le dijo:

"Tengo en mis pesebres a un hermoso jumento. Deseo que lo prepare para que sea un gran abogado."

"Será un placer concederle gran tarea su Majestad. Para dicha tarea, necesito que me brinde un plazo de diez años." - Dijo el Charlatán.

"Está bien."  - Respondió el Monarca —. "Te concederé el plazo que pides y por eso te daré una buena recompensa, pero si no cumples lo prometido, te advierto que serás castigado con la horca."

Una vecina que merodeaba por ahí que había escuchado todo, se acercó al Charlatán y le dijo:

"Oye amigo, ¿cómo se te ocurrió hacer ese tipo de promesas?"

"¡Qué tonta es usted amiga!" - Respondió el Charlatán - "En diez años de seguro muere el Rey, el Asno y tal vez, hasta yo."

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Moraleja
El tiempo cura los males, y olvida promesas banales.

La Rana que decía ser médico y la Zorra

Cierta vez en un día tranquilo, una Liebre herida pedía tristemente ayuda en el bosque:

"Ayuda por favor, ayuda por piedad quien sea. Necesito de un médico. Un Cazador me ha hecho daño cazándome y me ha dejado coja de una pata. Si no me curo, seré presa fácil de los depredadores. ¡Ayuda por favor!."

Tras tantos pedidos de auxilio, los animales se acercaron a ella pero ninguno pudo ayudarla, ya que no tenían los conocimientos para curar a la Liebre moribunda, así que sólo pudieron seguir buscando a alguien que pueda ayudarla.

Las voces de ayuda continuaron yendo hacia lugares más profundos del bosque, hasta que de pronto, llegó voces de ayuda a un pantano donde vivía una Rana. Esta al tener noticia de lo sucedido, se dirigió lo más rápido que pudo hacia donde estaba la Liebre herida, y cuando llegó, dio grandes voces ante la multitud:

"¡Permiso, permiso, yo soy médico y se el remedio para todo tipo de los males. Permiso por favor, déjenme pasar."

Una Zorra que estaba en los alrededores, oyó cómo la Rana se hacía presente y curiosa por dicha actitud, le respondió:

"Oye Rana, ¿cómo te atreves a anunciar que puedes ayudar a otros, cuando tú has llegado aquí cojeando?, ¿eres incapaz de curarte a ti misma?"

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Moraleja
No trates de enseñar lo que con tu ejemplo no puedas demostrar.

El Niño que se Ahogaba

Cierta vez en un río un poco profundo y turbulento, estaba un Muchacho ahogándose y con grandes fuerzas de gritos, pedía auxilio.

En ese momento, pasó un Viajero. Cuando el Joven lo vio, le pidió ayuda su ayuda para que lo saque de su terrible problema. Sin embargo aquel Viajero solo se quedó de pie observándolo, se puso a regañar al Joven por ser muy imprudente y llegar a dicho estado.

El Joven haciendo un gran esfuerzo para mantenerse a flote, reunió nuevamente fuerzas, y pidió a gritos ayuda al Hombre diciéndole:

"¡Señor, por favor, deje de hablar, primero ayúdeme y luego me regaña todo lo que usted quiera!"

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Moraleja
Un buen consejo, debe ir acompañado de una ayuda.
No sirve de mucho aconsejar sin ayudar.

El Escorpión y la Rana

Cierta vez a la orilla de un río, estaba desconsolado un Escorpión porque quería pasar a la otra orilla.

Una Rana que estaba pasando por allí, vio triste al Escorpión y acercándose para saber que lo aquejaba, le preguntó sobre su dilema.

El Escorpión contó a la Rana que quería atravesar el río, pero que no tenia forma alguna de poder hacerlo ya que para él era imposible. Al oír eso, la Rana decidió ayudarlo para que cruce el río con la condición, de que no lo vaya a hacer año. El Escorpión agradecido aceptó.

Así, el Escorpión y la Rana fueron cruzando el río, pero a mitad de camino, la Rana sintió el aguijón del Escorpión en su espalda y como el veneno le hacía efecto haciendo que se adormezca. Antes de desfallecer, la Rana giró su cabeza y le dijo al traidor:

"¡¿Cómo es posible?!, ¡Dijiste que no me harías daño, ahora por tu culpa moriremos los dos ahogados!"

El Escorpión sin demora respondió:

"Lo siento mucho Rana, no puedo evitar lo que soy. Esto está en naturaleza."

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Moraleja
No creas que otras personas harán las cosas del mismo modo que tu.Aunque intenten ser otra persona, siempre llevaran en su interior la que en verdad son.

El Viento y el Sol - Fábula Corta

Hace mucho, Bóreas (el Viento del Norte) y Hélios (el Sol) discutían por quien de los dos era el más fuerte de ellos.

Un día de tantas discusiones, vieron pasar a un Caminante con capa y sombrero. Llegando a un acuerdo, decidieron ambos ceder todo el crédito de la victoria a aquel que consiguiera quitarle las vestimentas a este señor.

El primero fue Bóreas, que empezó a soplar y soplar con fuerza para lograr su objetivo, sin embargo, el hombre apretó su vestimenta sin ceder. Bóreas sorprendido decidió soplar aun más fuerte, pero el Caminante incómodo por el frío, sacó otro manto aún más grueso y se lo puso encima continuando su camino. Bóreas muy cansado y aceptando su derrota, dijo no poder más y cedió el turno a Helios.

Cuando Helios empezó, lució con moderación una sonrisa que provocó calor al Caminante hacer que se quite el manto que se había puesto. Luego Helios empezó a aumentar su calor con grandes y cálidos rayos de luz. El Caminante ya no pudiendo soportar el terrible calor, decidió quitarse su capa, sombrero y traje, y fue al río a darse una refrescante zambullida.

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Moraleja
La persuasión es mucho más eficaz que la fuerza.
Fábula similar: El Viento y el Sol

El Lobo y el Murciélago

Cierta vez, estaba volando de rama en rama un somnoliento Murciélago, hasta que de pronto, cayó sobre un Lobo dormido.

El Lobo despertó al instante, lo cogió e intentó devorarlo. El Murciélago clamó piedad y ser liberado, pero el Lobo le dijo:

"Te dejaré libre pero con la condición de que me digas, por qué los Murciélagos son tan alegres e inquietos. En cambio, yo siempre paro molesto y cansado."

El Murciélago respondió:

"Usted me asusta mucho. Por favor libéreme y le explicaré con detalles."

El Lobo accedió a su petición y lo dejó libre. Luego el Murciélago le dijo a hincapié:

"Se fastidia mucho su vida usted señor Lobo, porque es malo y su crueldad seca su corazón. En cambio, nosotros somos alegres porque jamás intentamos hacer daño al prójimo."

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Moraleja
La alegría es la fragancia de las personas que no hacen daño a nadie.

Esopo y los Esclavos

Cierta vez, caminaba Esopo en compañía de muchos Esclavos y su Amo. Ellos tenían muchos bultos pesados que llevar, y al no congeniar entre ellos quien llevaría los más pesados, se originó una discusión entre los Esclavos.

Esopo era el jefe que debía dar el ejemplo, así que viendo tal alboroto, dijo:

"Yo me encargaré del cesto de provisiones que es el más pesado."

Aquella actitud, motivó a que los demás carguen los bultos restantes sin poner pero alguno.

Tras una larga caminata, se hizo una parada para que todos puedan desayunar. Todos obtuvieron comida del cesto de provisiones que llevaba Esopo, y así, había disminuido su peso. Cuando terminaron de comer, prosiguieron su camino.

Al llegar el medio día, todos se dispusieron a descansar para que puedan almorzar tranquilamente, y así, siguió disminuyendo la comida del cesto otra vez. Al atardecer, se hizo otra parada y de la misma manera, disminuyó la comida.

Al Anochecer, los Esclavos cansados aún llevaban la misma carga, en cambio Esopo, llevaba ya sólo un cesto vacío.

fabula esopo y los esclavos

Moraleja
El hombre inteligente y astuto,
hasta de los males saca fruto.

El Astrónomo

Hace mucho en un lugar donde la ciencia era muy importante para sus habitantes, había un Astrónomo que gustaba de caminar siempre por las noches para observar las estrellas.

Un día, uno de sus colegas le comentó que en el cielo había aparecido un extraño astro. El Astrónomo fascinado por dicha novedad, decidió salir de la cuidad para poder ver con sus propios ojos aquella nueva estrella.

Caminando fervientemente hacia su destino, imaginaba y soñaba una y otra vez cómo sería aquella estrella, sin embargo en su caminar, no se percató de que más adelante había un agujero y cuando ya era demasiado tarde, lo pisó y cayó hacia el piso.

Cerca donde cayó el Astrónomo, pasó un Hombre que al verlo, se acercó y le dijo:

"Permíteme ayudarte amigo, pero ten cuidado por donde caminas a la próxima. Debes estar atento hacia donde vas, ya que te puedes encontrar con cualquier cosa en tu camino."

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Moraleja
Antes de lanzarse a la aventura,
hay que conocer el lugar por donde se transita.