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La Víbora y el Zorro

Cierta vez, en un día tranquilo, el Cielo se llenó de oscuras nubes y sin mucha demora, empezó a caer una terrible lluvia ocasionando la formación de turbulentos ríos.

Las aguas llevaban a fuerza un desfile de ovejas, conejos, patos, gansos, gallinas y, junto al lodo, las piedras y árboles arrancados de la tierra mezclados todos juntos.

Un Zorro que deseaba ir hacia su guarida, y no podía porque aquel río feroz le impedía cruzar, se decía en su dilema:

"Santo cielos. Este debe de ser el segundo diluvio del mundo."

De pronto, le llamó la atención unos espinos que eran arrastrados por el agua, y mirando cautelosamente por unos segundos, avisto en aquel brusco movimiento a una Víbora que era también arrastrada sin poder liberarse de aquel dilema.

El Zorro asintiendo la cabeza y con tono sarcástico dijo:

"Ah caray. Pero qué tal navío para dicho Piloto."


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Moraleja
Dios los cría, y ellos se juntan.

La zorra y la Serpiente

Cierta vez, en un grande y denso bosque, se encontraba cerca de un camino abierto, una bella y grande Higuera que hacía de sombra cerca de una Serpiente que estaba durmiendo plácidamente estirada y sin preocupación alguna.

Tras un rato, apareció una Zorra curiosa y vanidosa, que al ver a la Serpiente dormida, empezó a admirarla y a envidiar su enorme y largo cuerpo que la hacía ver grandiosa, intimidarte e imponente.

La Zorra pensando que podría igualar aquel largo tamaño, se echó cerca de la Serpiente y preparándose, empezó a estirarse más y más, a cada momento estiraba sus patitas y su cola, todo lo que podía sin descansar, insistiendo continuamente por horas y horas. Tras haber pasado un largo rato de arduo esfuerzo y persistencia, el cuerpo de la vanidosa Zorra no pudo soportarlo más, y reventó.

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Moraleja
No imites a los más grandes, si aún no tienes las condiciones para hacerlo.

Fábula el Perro y su imagen

Cierta vez, un Perro cogió entre sus dientes un grande y sabroso hueso.

"Pero qué delicioso regalo he obtenido hoy." - Se dijo el incauto Perrito - "Lo llevaré a casa y allí, me lo comeré muy a gusto."

En su camino, se encontró con un arroyuelo, cuyas aguas claras y cristalinas, reflejaban su imagen. Él pudo ver en las aguas a otro Perro con otra suculenta presa entre los dientes. Como el Perro estaba con gran hambre, abrió su hocico y se zambulló en el agua para coger el hueso del otro Perro; pero que terrible decepción, ya que al sumergirse hasta el fondo, no halló a su rival ni mucho menos, al exquisito hueso que creyó ver.

En ese momento, el ingenuo Perrito, se dio cuenta aunque ya tarde, que gracias a su gula, le ha costado la pérdida de su exquisita presa; y lo que fue peor, el hambre le seguía molestando su barriguita continuamente.

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Moraleja
Más vale pájaro en mano, que ciento volando.

Fábula La Oveja y el Lobo

Una vez, estaba un hambriento y moribundo Lobo a la vera del camino echado. Una Oveja perdida, pasó por ahí cerca del rufián devorador, y al verla, le dijo al son de implorar:

"Gracias al cielo que te ha enviado a socorrerme amiga Oveja. Por favor, tráigame un poco de agua del arroyo, ya que muero de sed."

La Oveja fingió no escucharlo, pero el Lobo insistió:

"En cuanto beba esas gotitas de agua, yo mismo le prometo, sin ayuda de nadie, buscaré mi alimento."

"No lo tome a mal, señor lobo." — Respondió la Oveja haciéndose a un lado.

"Entonces, por favor cumpla mi pedido..." — Discutió el Lobo.

"No. Porque en cuanto le lleve el agua, usted me comerá. Así que adiós." — Dijo la oveja.

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Moraleja
Muerte por lobo anunciada, no mata oveja avisada.

El Perro del Hortelano

Cierta vez, un Hortelano tenía un enorme perro como guardián de sus cultivos. El Can, era tan agresivo que ningún ladrón se atrevía a invadir los cercos de los sembríos de su amo. El Amo alimentaba bien a su Perro lo mejor que podía gracias a su gran tarea de guardián y así, estaba seguro que continuaría cuidando sus campos.

Un día, un Buey del establo, quiso tomar un bocado de alfalfa que el amo guardaba; pero el Perro muy furioso se interpuso y mostrando sus dientes, trató de ahuyentarlo. El Buey molesto por su conducta, le dijo:

"Tonto Perro envidioso. No comes ni dejas comer. El amo te brinda a cada quien lo que necesita y la alfalfa no es tu alimento. No hay razón alguna para que interfieras en negocio ajeno."

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Moraleja
Agua que no has de beber, déjala correr.

La Fábula del Zorro y el Cuervo

Cierta vez, un Cuervo de los feos, el peor, hurtó un queso y con gran dicha, se fue a saborearlo en una rama de la copa de un árbol.

En ese mismo momento, pasó por ahí un hambriento Zorro que merodeaba por dicho lugar. Cuando vio al Cuervo, de inmediato tuvo la intención de quitarle su queso, empezó a adularlo de la siguiente manera:

"Cielos... Definitivamente, usted señor Cuervo, es una de las más preciosas aves. No hay entre los pájaros otro que tenga su gran belleza, majestuosidad y plumas galantes llenas de vida y brillo. He de decir, que su voz ha de ser tan melódica que sin duda, no hay nadie en este mundo que te iguale en perfección."

El Cuervo envanecido y maravillado por tantos elogios, quiso mostrar su voz al pícaro Zorro, y cuando empezó a graznar, dejó caer el queso que tenía en su pico.

Por otro lado el ladino Zorro que no deseaba otra cosa más, cogió de inmediato el Queso con sus dientes y yéndose lejos, lo devoró bajo la sombra de un árbol dejando al vanidoso Cuervo, hambriento y burlado.

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Moraleja
Quien te envanece y engríe,
de tu necedad se ríe.

El Charlatán y el Monarca

Cierta vez, un Charlatán aseguraba que era capaz de convertir en un Asno común y corriente, en un gran y elocuente orador. Cuando la noticia llegó a oídos del Monarca, lo convocó a su palacio y teniéndolo ya presente, le dijo:

"Tengo en mis pesebres a un hermoso jumento. Deseo que lo prepare para que sea un gran abogado."

"Será un placer concederle gran tarea su Majestad. Para dicha tarea, necesito que me brinde un plazo de diez años." - Dijo el Charlatán.

"Está bien."  - Respondió el Monarca —. "Te concederé el plazo que pides y por eso te daré una buena recompensa, pero si no cumples lo prometido, te advierto que serás castigado con la horca."

Una vecina que merodeaba por ahí que había escuchado todo, se acercó al Charlatán y le dijo:

"Oye amigo, ¿cómo se te ocurrió hacer ese tipo de promesas?"

"¡Qué tonta es usted amiga!" - Respondió el Charlatán - "En diez años de seguro muere el Rey, el Asno y tal vez, hasta yo."

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Moraleja
El tiempo cura los males, y olvida promesas banales.

La Rana que decía ser médico y la Zorra

Cierta vez en un día tranquilo, una Liebre herida pedía tristemente ayuda en el bosque:

"Ayuda por favor, ayuda por piedad quien sea. Necesito de un médico. Un Cazador me ha hecho daño cazándome y me ha dejado coja de una pata. Si no me curo, seré presa fácil de los depredadores. ¡Ayuda por favor!."

Tras tantos pedidos de auxilio, los animales se acercaron a ella pero ninguno pudo ayudarla, ya que no tenían los conocimientos para curar a la Liebre moribunda, así que sólo pudieron seguir buscando a alguien que pueda ayudarla.

Las voces de ayuda continuaron yendo hacia lugares más profundos del bosque, hasta que de pronto, llegó voces de ayuda a un pantano donde vivía una Rana. Esta al tener noticia de lo sucedido, se dirigió lo más rápido que pudo hacia donde estaba la Liebre herida, y cuando llegó, dio grandes voces ante la multitud:

"¡Permiso, permiso, yo soy médico y se el remedio para todo tipo de los males. Permiso por favor, déjenme pasar."

Una Zorra que estaba en los alrededores, oyó cómo la Rana se hacía presente y curiosa por dicha actitud, le respondió:

"Oye Rana, ¿cómo te atreves a anunciar que puedes ayudar a otros, cuando tú has llegado aquí cojeando?, ¿eres incapaz de curarte a ti misma?"

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Moraleja
No trates de enseñar lo que con tu ejemplo no puedas demostrar.

El Niño que se Ahogaba

Cierta vez en un río un poco profundo y turbulento, estaba un Muchacho ahogándose y con grandes fuerzas de gritos, pedía auxilio.

En ese momento, pasó un Viajero. Cuando el Joven lo vio, le pidió ayuda su ayuda para que lo saque de su terrible problema. Sin embargo aquel Viajero solo se quedó de pie observándolo, se puso a regañar al Joven por ser muy imprudente y llegar a dicho estado.

El Joven haciendo un gran esfuerzo para mantenerse a flote, reunió nuevamente fuerzas, y pidió a gritos ayuda al Hombre diciéndole:

"¡Señor, por favor, deje de hablar, primero ayúdeme y luego me regaña todo lo que usted quiera!"

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Moraleja
Un buen consejo, debe ir acompañado de una ayuda.
No sirve de mucho aconsejar sin ayudar.

El Escorpión y la Rana

Cierta vez a la orilla de un río, estaba desconsolado un Escorpión porque quería pasar a la otra orilla.

Una Rana que estaba pasando por allí, vio triste al Escorpión y acercándose para saber que lo aquejaba, le preguntó sobre su dilema.

El Escorpión contó a la Rana que quería atravesar el río, pero que no tenia forma alguna de poder hacerlo ya que para él era imposible. Al oír eso, la Rana decidió ayudarlo para que cruce el río con la condición, de que no lo vaya a hacer año. El Escorpión agradecido aceptó.

Así, el Escorpión y la Rana fueron cruzando el río, pero a mitad de camino, la Rana sintió el aguijón del Escorpión en su espalda y como el veneno le hacía efecto haciendo que se adormezca. Antes de desfallecer, la Rana giró su cabeza y le dijo al traidor:

"¡¿Cómo es posible?!, ¡Dijiste que no me harías daño, ahora por tu culpa moriremos los dos ahogados!"

El Escorpión sin demora respondió:

"Lo siento mucho Rana, no puedo evitar lo que soy. Esto está en naturaleza."

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Moraleja
No creas que otras personas harán las cosas del mismo modo que tu.Aunque intenten ser otra persona, siempre llevaran en su interior la que en verdad son.

Bóreas y Hélios

Hace mucho, Bóreas (el Viento del Norte) y Hélios (el Sol) discutían por quien de los dos era el más fuerte de ellos.

Un día de tantas discusiones, vieron pasar a un Caminante con capa y sombrero. Llegando a un acuerdo, decidieron ambos ceder todo el crédito de la victoria a aquel que consiguiera quitarle las vestimentas a este señor.

El primero fue Bóreas, que empezó a soplar y soplar con fuerza para lograr su objetivo, sin embargo, el hombre apretó su vestimenta sin ceder. Bóreas sorprendido decidió soplar aun más fuerte, pero el Caminante incómodo por el frío, sacó otro manto aún más grueso y se lo puso encima continuando su camino. Bóreas muy cansado y aceptando su derrota, dijo no poder más y cedió el turno a Helios.

Cuando Helios empezó, lució con moderación una sonrisa que provocó calor al Caminante hacer que se quite el manto que se había puesto. Luego Helios empezó a aumentar su calor con grandes y cálidos rayos de luz. El Caminante ya no pudiendo soportar el terrible calor, decidió quitarse su capa, sombrero y traje, y fue al río a darse una refrescante zambullida.

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Moraleja
La persuasión es mucho más eficaz que la fuerza.
Fábula similar: El Viento y el Sol

El Lobo y el Murciélago

Cierta vez, estaba volando de rama en rama un somnoliento Murciélago, hasta que de pronto, cayó sobre un Lobo dormido.

El Lobo despertó al instante, lo cogió e intentó devorarlo. El Murciélago clamó piedad y ser liberado, pero el Lobo le dijo:

"Te dejaré libre pero con la condición de que me digas, por qué los Murciélagos son tan alegres e inquietos. En cambio, yo siempre paro molesto y cansado."

El Murciélago respondió:

"Usted me asusta mucho. Por favor libéreme y le explicaré con detalles."

El Lobo accedió a su petición y lo dejó libre. Luego el Murciélago le dijo a hincapié:

"Se fastidia mucho su vida usted señor Lobo, porque es malo y su crueldad seca su corazón. En cambio, nosotros somos alegres porque jamás intentamos hacer daño al prójimo."

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Moraleja
La alegría es la fragancia de las personasque no hacen daño a nadie.

Esopo y los Esclavos

Cierta vez, caminaba Esopo en compañía de muchos Esclavos y su Amo. Ellos tenían muchos bultos pesados que llevar, y al no congeniar entre ellos quien llevaría los más pesados, se originó una discusión entre los Esclavos.

Esopo era el jefe que debía dar el ejemplo, así que viendo tal alboroto, dijo:

"Yo me encargaré del cesto de provisiones que es el más pesado."

Aquella actitud, motivó a que los demás carguen los bultos restantes sin poner pero alguno.

Tras una larga caminata, se hizo una parada para que todos puedan desayunar. Todos obtuvieron comida del cesto de provisiones que llevaba Esopo, y así, había disminuido su peso. Cuando terminaron de comer, prosiguieron su camino.

Al llegar el medio día, todos se dispusieron a descansar para que puedan almorzar tranquilamente, y así, siguió disminuyendo la comida del cesto otra vez. Al atardecer, se hizo otra parada y de la misma manera, disminuyó la comida.

Al Anochecer, los Esclavos cansados aún llevaban la misma carga, en cambio Esopo, llevaba ya sólo un cesto vacío.

fabula esopo y los esclavos

Moraleja
El hombre inteligente y astuto,
hasta de los males saca fruto.

El Astrónomo

Hace mucho en un lugar donde la ciencia era muy importante para sus habitantes, había un Astrónomo que gustaba de caminar siempre por las noches para observar las estrellas.

Un día, uno de sus colegas le comentó que en el cielo había aparecido un extraño astro. El Astrónomo fascinado por dicha novedad, decidió salir de la cuidad para poder ver con sus propios ojos aquella nueva estrella.

Caminando fervientemente hacia su destino, imaginaba y soñaba una y otra vez cómo sería aquella estrella, sin embargo en su caminar, no se percató de que más adelante había un agujero y cuando ya era demasiado tarde, lo pisó y cayó hacia el piso.

Cerca donde cayó el Astrónomo, pasó un Hombre que al verlo, se acercó y le dijo:

"Permíteme ayudarte amigo, pero ten cuidado por donde caminas a la próxima. Debes estar atento hacia donde vas, ya que te puedes encontrar con cualquier cosa en tu camino."

fabula corta el astronomo

Moraleja
Antes de lanzarse a la aventura,
hay que conocer el lugar por donde se transita.

La Comadreja y las Gallinas

Cierta vez en un corral de una granja, se encontraban varias Gallinas enfermas de una extraña peste. Esa noticia llegó a los oídos de una Comadreja que hace mucho no probaba el sabor de una suculenta Gallina.

La pícara Comadreja aprovechó el descuido del Amo para ingresar al gallinero disfrazada de doctor. Con instrumentos en mano se acercó a las Gallinas y les dijo:

"Queridas damas, no se preocupen más. Se que todas ustedes están mal, así que si me lo permiten, pasaré a examinarlas una a una para curar todos sus malestares."

Las Gallinas ya enteradas de las mañas de la Comadreja, se pusieron de acuerdo y dijeron a la bandida:

"Muy bien, pero estaremos mucho mejor de salud si usted farsante, desaparece de nuestra vista. ¡Váyase muy muy lejos!"


fabula la comadreja y las gallinas enfermas

Moraleja
Con todos gasta cautela,
que el que menos corre, vuela.

El León y El Elefante

Un día, con escandaloso canto "quiquiriquí" de un Gallo, se rompió la quietud de una mañana. Un León al escucharlo, tembló de espanto y se dijo:

"No merezco seguir viviendo si el poder se diluye ante insistencia tan miserable."

Cuando así se recriminaba, vio llegar, pálido y tembloroso, a un gran Elefante. El León inquieto le preguntó:

"¿Qué aqueja y atemoriza a la más grande de las bestias?"

El Elefante respondió:

"¿Ve usted a aquel mosquito?. Ni más bien se posa dentro de mis orejas, su zumbido me vuelve loco de dolor."

El León rugió y dijo:

"¡Que dicha!, no hay poder que no esté acompañado de una debilidad."


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Moraleja
No existe fortaleza,
sin algo de flaqueza.

La Pulga y el Hombre

Una vez, un Hombre disfruta de un placentero sueño, hasta que de pronto sintió una picazón por todo su cuerpo.

Muy molesto por dicha incomodidad, buscó por toda su cama para ver qué era lo que le causaba tanta molestia. Tras buscar un buen rato, encontró una Pulga e indignado, él le dijo:

"¿Cómo te atreves a picarme por todo mi cuerpo y privarme de mi merecido descanso insensato bicho?"

La Pulga contestó:

"Perdóneme Señor, no fue mi intención molestarlo. Le pido por favor que me deje vivir ya que por mi pequeño tamaño, no creo que lo pueda molestar mucho."

El Hombre se rió de las ocurrencias de la Pulga, y luego le dijo:

"Lo lamento Pulga, pero no tengo ningún motivo para seguir aguantando tus picaduras, no importa si es grande o pequeño el daño que me causes, tendrás que ser liquidada."

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Moraleja
Todo aquel que le hace daño a otra persona,
debe estar dispuesto a afrontar las consecuencias.

El Ruiseñor Desengañado

Hace mucho cuando llegó la primavera, se convoco a todas las aves melodiosas para luchar por un maravilloso trofeo.

Muy seguro de su éxito, el Ruiseñor emprendió rápido vuelo para nublar a sus competidores formados por innumerables canarios, alondras, jilgueros y mirlos.

Cuando inició el concurso, cada ave demostró su mejor habilidad deleitando a los oyentes con melodiosos trinos y gorjeos; pero ninguna de ellas igualó la maestría y gracia del Ruiseñor que tenía cantos divinos y celestiales que hacían a cualquiera sentirse en los cielos.

Seguro de su triunfo, el Ruiseñor se preparaba para recibir su premio, sin embargo, su desilusión fue tan grande al ver que el Jilguero era el ganador.

El Ruiseñor muy decepcionado del jurado, dijo:

"¡Oh Naturaleza! ¡No permitas la existencia de tan injusto jurado o mejor quítame la voz.!"

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Moraleja
No hace justicia quien favorece,
a quien menos lo merece.

La Liebre y la Zorra

Hace mucho, una Zorra muy astuta era conocida en el bosque como la "Ganadora". Una Liebre que estaba muy inquieta por el sobrenombre de la Zorra, se acercó a ella y le dijo:

"Perdone usted señora Zorra, ¿podría decirme el secreto por la cual todos la llaman la "ganadora"?"

La Zorra asentó con la cabeza y le dijo:

"Claro pequeña Liebre, pero vamos, te explicaré todo con lujos y detalles mi secreto en una exquisita cena esta noche y así hablaremos mucho."

La Liebre contenta aceptó la invitación.

Al llegar la noche, la Liebre se dirigió a la casa de la Zorra pensando en el gran y misterioso secreto que le iba a contar. Cuando llegó, la Zorra la recibió sonriente e invitó a pasar. Una vez dentro, la Liebre se percató de que no había cena alguna, y tras segundos, entendió el por qué:

"Para mi desgracia ya veo por qué la llaman así señora Zorra. Y no es por sus trabajos, sino por sus engaños."

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Moraleja
Si al tramposo pides lección,
caerás con seguridad al abismo,
porque el tema de la lección,
terminarás siendo tú mismo.

El Oso y La Zorra

Cierta vez, una Zorra observó a un Oso que pasaba de largo junto al cadáver de un hombre. Ella le dijo al Oso:

"Oiga señor Oso, ¿no se da cuenta que deja de lado una gran presa?"

El Oso con aspecto cansado, respondió:

"Tanta es mi consideración por los Humanos, que jamás tocaría el cadáver de un Hombre ni menos el de una mujer."

La Zorra sorprendida por pensamiento y palabras de un carnicero, contesto con maliciosa cortesía:

"Su consideración seria muy apreciable si lograra experimentar por los vivos el mismo respeto que merecen los muertos."

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Moraleja
Tan importante es el vivo,
como el venerado difunto.