El León que iba a la guerra

Cierta vez, un León decidió iniciar una guerra en varios territorios vecinos con la idea, de extender sus dominios. Él, planeaba armar un ejercito poderoso, así que decidió buscar y reclutar a todos los animales que vivían en su reino.

Poco después, logró reunir a muchos animales y luego, asignó a cada uno un puesto de acuerdo con su naturaleza. El Elefante era quien se encargaría de transportar las armas sobre su gran y fuerte lomo. El Oso fue elegido para ir al frente del escuadrón. El Zorro era el encargado de los negocios diplomáticos. El Leopardo era quien entraría por la retaguardia para sorprender al enemigo.

Cuando casi todos los animales ya tenía sus tareas asignadas, se escuchó una voz que dijo:

"Sugiero señor, que los Burros y las Liebres no participen en la guerra ya que, el Burro es muy tonto, y la Liebre es muy cobarde."

El León interrumpió y dijo:

"Se equivoca usted amigo. Ellos tendrán un lugar en mi ejército. El Burro gracias a su gran rebuzno, asustará a los enemigos. Y la veloz Liebre, será nuestro más efectivo mensajero de correos."

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Moraleja
Hasta una falla, es virtud cuando es bien utilizada.

El pescador y el río revuelto

Cierta vez, un Pescador que estaba a punto de pescar en un río, echó su red atravesándolo de una orilla a otra. Luego, con una piedra atada al extremo de una cuerda de lino, agitaba el agua para que los peces aturdidos cayeran entre las mallas de la red al intentar huir.

Un vecino que vio al pescador en su curiosa estrategia, se acercó a él y le regaño por el revolver el río por obligarle a beber el agua turbia. El Pescador sin embargo, respondió serenamente:

"¡Si no revuelvo el río, tendré que morirme de hambre!"


Moraleja
Forma siempre tu propia opinión y no vayas a donde te quieran empujar sin que lo hayas razonado.

La Mosca y la Mula

Cierta vez, una Mosca que volaba por el camino de un campo, se detuvo en la barra de madera de una carreta halada por una Mula.

De pronto, se puso de muy mal humor la Mosca y empezó a regañar a la Mula:

"¡Oiga!, ¡pero qué lenta es usted! ¿No puede andar más de prisa? ¡Cuídese sino le pico su cuello con mi aguijón!

La Mula volteó y respondió:

"Sus palabras no me inquietan ni aterran señora Mosca. A aquél que va sentado en la delantera sí le temo, ya que su látigo flexible gobierna mi espalda y mi boca sujeta con el freno bañado en espuma. 


Váyase lejos con su frívola insolencia, que yo sé muy bien cuándo debo ir despacio y cuándo  ir corriendo."



Moraleja
Queda en ridículo aquél que no siendo nada, se entrega a vanas amenazas.

El Congreso de los Ratones - Fábulas de Samaniego

Cierta vez, una gran familia de ratones que vivía en un almacén de una casa, siempre eran perseguidos por un enorme Gato y tanto era el acecho, que ya no podían salir sea de día o de noche.

Un noche, en la que el Gato salió hacia los tejados, el Ratón jefe, que era más viejo y sabio, aprovechó el momento para realizar una gran reunión y encontrar la solución de los problemas con el Gato.

Al poco rato, estaba por fin todos reunidos, preguntó el Ratón jefe a los presentes:

- "Hermanos, los he convocado en esta reunión porque ya no podemos vivir así. Aquel gato es terrible. Hemos perdido a muchos hermanos y libertad. ¿Qué ideas sugieren ante esto?"

"¡Pido la palabra, ya que tengo una idea!" - Dijo un Ratoncito de la tribuna - "Si ponemos un cascabel al Gato, sabremos exactamente por donde andará, y así cuando él pretenda atraparnos, tendremos el suficiente tiempo para evadirlo y salir ilesos."

Todos los Ratones aplaudieron con alegría la idea y la tomaron como aceptada. No podían creer que tan fácil era la solución del cascabel que llenos de felicidad bailaban y festejaban por que así, se evitarían el peligro a distancia.

De pronto el Ratón jefe gritó:

- "¡Basta ya!. La idea es correcta, sin embargo, aún olvidamos un punto sumamente importante ante dicha propuesta, y es: ¿quién pondrá el cascabel al gato?"

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Al oír eso, los Ratones se miraban entre ellos, y balbuceando entre todos una y otra vez, se preguntaban quien haría tal trabajo o quien sería el valiente que se arriesgaría. En breve, todos comenzaron a sentir miedo y temerosos, uno a uno fueron regresando hacia sus casitas en silencio.


Moraleja
Fácil es proponer ideas, que volverlas realidad.