El Gusano de seda y la Araña


Trabajando un Gusano su capullo,
la Araña que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa,
muy propia de su orgullo: 

"¿Qué dice de mi tela el señor gusano?,
ésta mañana la empecé temprano,
y ya estará acabada a mediodía. 

¡Mire qué sutil es, mire qué bella!..."
El Gusano, con disimulo respondía:
"¡Usted tiene razón; así sale ella!"

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Moraleja
Se ha de considerar la calidad de la obra,
y no el tiempo que se ha tardado en hacerla.

El León enfermo y los Zorros

Hace mucho, el Rey León cayó enfermo y su médico, el sabio Búho, le sugirió que descanse por un tiempo.

El León decidió que como iba a estar por mucho tiempo inactivo, sólo y aburrido,  vayan a visitarlos cada uno de los animales de cada especie. Eso si, se hizo hincapié, que habrá total inmunidad contra sus temibles garras y que ninguno de sus invitados serían presa de él.

Los animales decidieron elegir a un Embajador y los Zorros pensaban en quien será el elegido. De pronto, uno de ellos interrumpió la charla y dijo:

"Acabo de regresar de los alrededores de la cueva del León, y he podido comprobar que hay huellas de animales que fueron a visitarlo, pero todas se dirigían hacia la entrada, pero ninguna regresa o sale. Gracias a esta investigación, debemos tener cuidado, porque a pesar de la promesa de inmunidad, es fácil entrar a la cueva del León, pero imposible saber cómo poder salir."

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Moraleja
No creas en promesas de hábiles malvados,
su condición no cambia, ni enfermos ni cansados.

La Hormiga y el Grano de Trigo

Cierta vez, un Grano de Trigo se quedó solo en el campo después de la cosecha. Una Hormiga que andaba en busca de comida, lo vio y de inmediato, lo hecho como pudo a su espalda para llevárselo hacia su lejano hormiguero.

La Hormiga caminaba y caminaba dando grandes esfuerzos llevando su pesada recompensa, pero con cada caminar sentía que se le hacía más pesada. De pronto escuchó una voz que era del Grano de Trigo:

"Hormiga, ¿Por qué no me dejas en paz?"

"Si te dejo en paz..." - Respondió la Hormiga - "No tendremos provisiones para el invierno en mi hogar. Tengo muchas hermanas hormigas, y cada una debemos llevar a la despensa el alimento que logre encontrar."

"Pero yo no estoy hecho para ser comido..." - Dijo nuevamente el Grano de Trigo - "Yo soy una semilla llena de vida, y mi destino es el convertirme en una planta. Escúchame por favor, hagamos un trato."

La Hormiga muy cansada, dejó al Grano en el suelo y preguntó:

"¿De qué trato hablas?"

"Si tu me dejas aquí, en mi campo para no llevarme a tu hogar..." - Dijo el Grano de Trigo - "Yo te prometo que dentro de un año, te daré cien granos de trigo iguales que yo."

La Hormiga, sólo miró al cielo con cara de duda.

"Sí querida hormiga..." - Dijo el Grano - "Puedes creer con confianza lo que te digo. Si renuncias a mí, yo te daré cien granos como yo para tu hogar."

La Hormiga pensó unos minutos, y dijo:

"Cien granos a cambio de uno solo... Está bien, pero, ¿cómo lo harás?"

"Es un misterio..." - Respondió el Grano - "Es el misterio de la vida. Pero si te diré, que por favor excaves un pequeño hoyo, me entierres ahí y vuelvas cuando pase un año."

Así, la Hormiga lo hizo.

Un año después cuando llegó la temporada de la cosecha, ella volvió con sus hermanas y vio feliz, que el Grano de Trigo había cumplido su promesa.

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Moraleja
Ser precavido para los tiempos difíciles no lo es todo. Debemos valorar el trabajo cada año y el emprendimiento para tener un progreso en nuestras vidas.

El Pato y la Serpiente

A orillas de un estanque
diciéndose orgulloso, estaba un Pato:
"¿A qué animal dio el cielo
los dones que me ha dado?

Soy de agua, tierra y aire:
cuando de andar me canso,
si se me antoja, vuelo;
si se me antoja, nado."

De pronto, una Serpiente astuta
que le estaba escuchando,
le llamó con un silbo
y le dijo "¡Menos palabras guapo!

No hay que echar tantas plantas;
pues ni anda como el Ciervo,
ni vuela como el sacre,
ni nada como el barbo;

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y así, tenga sabido
que lo importante y raro
no es entender de todo,
sino ser diestro en algo."

Moraleja
Una sola habilidad bien aprendida,
vale más que muchas sabidas.