El Mono y el Gato

Cierta vez en la casa de un buen señor, vivían dos animales traviesos, malos y descarados. Uno de ellos era un Mono al que le gustaba romper todo lo que estaba a su alcance solo por diversión. El otro era un Gato al que no le gustaba cazar pero si comer mucho.

Un día ambos pasaron por la puerta de la cocina, y vieron sobre el fuego unas castañas que el dueño había dejado cocinando. El Mono se acercó al Gato y le dijo:

 "Oye amigo, ¡es hora de comer!... Oh... Si al menos tuviera aquellas garras poderosas que tienes, esas deliciosas y exquisitas castañas ya hubieran sido mía al instante."

El Gato quien era muy veloz, no lo pensó dos veces y de inmediato, sacó cada una de las castañas del fuego. Por otro lado, el Mono las recibía y se las iba comiendo sin que el Gato lo sepa.

De pronto, entró el Dueño y sorprendió a ambos ladronzuelos acechando las castañas. Ellos de inmediato huyeron de lugar y como era de esperar, el Gato se llevó un descontento ya que no probó bocado alguno.


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Moraleja
En una sociedad a veces el burlador es burlado.

El Caminante y la Mula de alquiler

Cierta vez, con la barriga llena de paja y cebada, una Mula que había sido alquilada por un Caminante, empezó a correr por el camino llena de energías. Tan rápido corría ella, que el Hombre apenas podía caminar a su ritmo.

Él, feliz por los grandes ánimos del jumento, pensaba en todo lo provechoso que podía hacer con el tiempo libre que iba a ganar debido a su velocidad. Mientras seguía haciendo planes en su mente, la Mula poco a poco iba bajando su ritmo e iba más y más lento.

El Caminante sorprendido por este cambio tan abrupto, intentó reanimar a la Mula pero por más que la azotó, gritó e hizo uso de otros métodos, ella iba no subía su marcha más sólo iba lento y muy paciente, aparte de morder al Hombre o dando gruñidos para que la deje en paz .

Muy molesto por no lograr que ella se reanime y ver que no llegaría a tiempo a cumplir sus deberes, el Caminante bajó de su montura y criticaba negativamente su desdicha al tener de "Mula" a ella.


Moraleja
Los que empiezan elevando el estilo,
se ven tal vez precisados a humillarle después demasiado.

La Hormiga y la Pulga

Cierta vez en un día tranquilo de verano, estaban una Hormiga y una Pulga que eran grandes amigas. Ellas se encontraron cerca del nido de la Hormiga y tras conversar un rato, la Hormiga le contó que estaba muy ocupada haciendo tareas muy importantes:

 "Así es amiga Pulga. Debo almacenar mucha comida antes de que llegue el frío invierno, asegurar mi hormiguero, tratar con mis demás hermanas las tareas de nuestro hogar, etc etc etc..."

La Pulga sin ninguna sorpresa y nada interesada sólo asentaba la cabeza y respondía diciendo:

"Aya... Claro... Si, por su puesto... Me parece muy bien... No suena nada mal... Excelente...".





Al ver el poco entusiasmo e interés de su amiga Pulga, la Hormiga dijo:

"Oh... Parece que mi vida le parece sencilla y aburrida, ¿verdad amiga Pulga?. ¿Qué te parece si me acompañas a hacer todas aquellas actividades que te he estado contando?"

De pronto, la Pulga dio un gran salto para atrás y dijo con titubeo:

"Ammm... Hay... M-me encantaría mucho acompañarte amiga Hormiga, pero acabo de recordar que tengo que hacer muchas cosas."

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Moraleja

Jamás menosprecies el trabajo de los demás,
por muy insignificante que te parezca.

Los Dos Gallos

Cierta vez en un gallinero vivían dos Gallos amigos que por mucho tiempo, compartían el mismo hogar y jamás habían tenido pelea alguna.

Cierto día, el Granjero trajo al gallinero una hermosa y altanera Gallinita. Ambos Gallos se enamoraron perdidamente de ella y viendo que cada uno deseaba enamorarla, dejaron de lado su amistad. Un día de tanto discutir, ambos Gallos decidieron enfrentarse en un duro combate, y aquel que quede como vencedor, sería el único que pueda enamorar a la Gallinita.

Así, ambos Gallos pelearon hasta el cansancio durante todo el día, y tras una ardua lucha, por fin quedó el más fuerte de pie y se fue con la gallinita. El Gallo perdedor aceptó su derrota y se fue al corral en silencio, pero el Gallo ganador hacía alarde su triunfo una y otra vez cantando tan fuerte para que los vecinos oigan su victoria.

En ese instante, un Buitre que volaba cerca, oyó el escandaloso canto de aquel Gallo que, sin mucha demora, se abalanzó sobre él y de inmediato se lo llevó a él y a su soberbia.

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Moraleja
Es justo ser modesto cuando se gana una acción.