El Rosal silvestre y la Vid

Un Rosal silvestre que crecía en un cerco, dijo en una ocasión a su compañera la Vid:

"¡Cuanto te compadezco amiga!. Te podan, te cavan, te arrancan los frutos. Mientras yo, crezco libremente."

La Vid respondió:

"Así es mi buen Rosal, pero tus frutos son amargos y no sirven para nada, mientras los míos, se hace el vino que conforta y vigoriza. Además, mi felicidad consiste en trabajar de este modo para los demás, y en dar mis frutos sin recibir nada a cambio."

El Rosal avergonzado, se quedó en silencio, y se ocultó entre el ramaje que lo rodeaba.


Moraleja
La mayor felicidad corresponde,
al que procura la dicha ajena.

 

 

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